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Un pequeño gran imposible

La noche era irreductible. Pese a los intentos varios de Gutiérrez por adelantar la salida del sol, todo intento acabó en fracaso. Así, desdichado, escribiría:
“El cielo ya no era más cielo; la luna menguante no menguaba por más que lo intentaba. Sus ojos se clavaron en los míos y yo rehuí su mirada sintiéndome fuera de la Ley. Frenético era su pálpito; no más que el mío. Ni tampoco más intenso. Gotas de vino caían por las laderas de sus cráteres. Boquiabierta, cataléptica, dejó caer una baba sin dejar de mirarme. Sus ojos atenazaban los míos y los mantenían fijos. Cambiaron de color, juraría. Con un rictus de espanto caminé por el linde del abismo sin poder evitar mirar la negrura y sentirme atraído hacia ella. Dejéme caer de súbito, a plomo, desde A hasta B. B no era mejor que A, pero no era A, así que era mejor, supongo. Probé el sinsabor de tu pulpa, mi amor. Despechado se piensa con más claridad, así que corrí hacia tus venas para hacerme acreedor de tu luz para siempre.»
Las malas lenguas dirían, años más tarde, que Gutiérrez se refería a la luna. Las buenas lenguas, sin embargo, no dirían nada. Y no lo harían porque, simplemente, no existían.

2 replies on “Un pequeño gran imposible”

Fly me to the moon And let me play among the stars Let me see what spring is like On Jupiter and Mars In other words hold my hand …Come fly with meTácito

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