El tren se paraba cada tres minutos por alguna causa inconcreta. Cada vez que reanudaba la marcha, los pasajeros deseaban que fuera el intento definitivo, pero sus esperanzas se quebraban apenas transcurridos ciento ochenta segundos. Era tal el desbarajuste que los nervios comenzaron a perderse por las inertes llanuras de la aridez intelectual que flotaba […]
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