Abrió los ojos sólo para ver cómo caían los restos refulgentes de un pequeño asteroide. Típico «bello acontecer de la destrucción que da pie para reflexionar sobre el origen de la existencia, todos los porqués imaginables, etcétera etcétera…» que llevó a Gutiérrez a concluir afirmando «¡No somos nadie!» mientras cerraba de nuevo los ojos.
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