Gabriel E., enterrador de profesión, literato frustrado. “Burricardo” le llamaban en la intimidad, cómo no. Infamia, tal vez, pero certero sobrenombre también. “Despilfarratintas”, que decían las lenguas menos precisas. Hoy me ha tocado acomodarlo en su última morada, a ladrillo y mezcla, en este penoso lugar. Mi cementerio contiene, a día de hoy, sesenta y […]