Abrió los ojos sólo para ver cómo caían los restos refulgentes de un pequeño asteroide. Típico «bello acontecer de la destrucción que da pie para reflexionar sobre el origen de la existencia, todos los porqués imaginables, etcétera etcétera…» que llevó a Gutiérrez a concluir afirmando «¡No somos nadie!» mientras cerraba de nuevo los ojos.
Viento de cara, sonrisa espléndida, armonía en los ruidillos callejeros, solete en lo alto proyectando haces de luz dura sobre piedras, hierros y adoquines… el tiempo cambia inadvertidamente como la cara del quiosquero de la esquina. Pero cambia. ¡Vaya que si cambia!
Siempre es domingo
– Dos enormes estatuas de mármol pesan más que una enorme estatua de mármol. Y, cucha bien lo que te digo, menos que tres enormes estatuas de mármol. Los ojillos del maestro tornáronse brillosos ante el hallazgo de su pupilo estrella, Blasete. A Gutiérrez le faltaban brazos para estrangular a la impasible masa discente al […]
Sólo una cosa
Pues…
La hora mágica
Un estropajo utilizado en la limpieza de los váteres de un campamento de verano poseía, a todas luces, más esplendor, encanto y vigor que Gutiérrez aquella tarde de domingo. No había hipérbole posible que se aproximara a expresar su penoso estado. Bandadas de dípteros variados revoloteaban incesantemente alrededor de sus lastimosas axilas cual aglomeración sabática […]