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De visita (I)

Sólo tres coches y medio habían pasado por la Avenida Luna y Sol en varios días. La vía llevaba prácticamente abandonada desde el estallido de la bomba unos meses antes. El lugar de la explosión estaba a una decena de kilómetros de allí, por lo que la otrora vibrante Avenida Luna y Sol no era ahora más que un páramo abandonado por el que sólo se transitaba si no había más remedio. Y Gutiérrez no había tenido más remedio, pues Fenderson se había empeñado en que fuera a su casa y, cómo no, ésta se encontraba en aquella avenida yerma.
Hallábase Gutiérrez frente al portal del número 901 rodeado de un cementerio de asfalto, cemento y ladrillo. El esplendoroso portón de entrada hablaba de un brillante pasado, un pasado que no concordaba con la posibilidad de que Fenderson hubiera vivido allí antes de la bomba. Imposible. ¿En la Avenida Luna y Sol? Del todo imposible. Gutiérrez entró sin llamar, como le había indicado Fenderson, y comenzó a subir lentamente las escaleras hasta ser absorbido por la oscuridad.

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