Romero, almendrófobo declarado cuyo meteórico ascenso en la oficina intrigaba a Gutiérrez, irrumpió sonriente aquel martes gélido. Nadie reparó en él; nadie excepto el ahora detective Gutiérrez, quien se había propuesto observar minuciosamente el comportamiento del repudia-almendras de Romero -habráse visto-.
Notas sobre el «Papas Fritas». Martes veintitrés de enero:
07:59 «Papas Fritas» ha entrado como una exhalación en la oficina. Me ha saludado correctamente, igual que a Márquez y a García. Sin embargo, con Sarmiento se ha detenido y ha intercambiado unas frases que el siempre oportuno fax me ha impedido escuchar. El ardid de requerir cualquier estúpido documento a Márquez, situado a la diestra de Sarmiento, ha florecido tarde en mi cerebro, caqui de otoño, pues «Papas Fritas» ha finiquitado su conversación con Sarmiento fulminantemente sin perder un ápice de elegancia.
08:01 «Papas Fritas» el Taimado se ha encerrado en su despacho. Nadie ha apartado su mirada del ordenador.
16:34 He tenido que ausentarme hasta cuatro veces de mi puesto por distintas razones. Así no se puede hacer un seguimiento serio del «Papas Fritas». A pensar soluciones para mañana ¡ya!
18:07 «Papas Fritas» ha salido muy sonriente de su despacho. Asquerosamente simpático y correcto, se ha despedido uno por uno de todos nosotros y nos ha deseado una buena tarde. Éste esconde algo. Éste no sabe con quién ha topado. Mañana seré más eficaz. Que no se me olvide comprar tomates y dos cintas de vídeo vírgenes de ciento ochenta minutos.
2 replies on “Las urdimbres del «Papas Fritas»”
Ese Romero esconde algo, fijo.
No quisiera darte ideas… pero ahí pinta un crimen pasional. XDMenos mal que no me dediqué a la literatura, jejeje. (Recuerda, crimen pasional)