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Semblantes y gárgolas

Aire del valle, enjundia divina de esencia oleosa y vilipendio de vulgares pituitarias;
aire fresco del valle.
Nada liviano, sino todo lo contrario…
acaricia las almas con vigor correoso
nada amargo.
Aire de estragón.

Gutiérrez sintió morriña repentina antes de dejar a su suerte el lugar que había acogido de buena gana -démosle el beneficio de la duda- sus nosécuántos años de devenir prosaico y ciertamente cerdilíneo (término que viene a significar algo así como «que se compone de líneas cerdas«)

Mardito lechón hioputa… (suspiro reflexivo del autor)

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