Reflujos y más reflujos incordiaban al cándido Boquitalimón en su apacible centro de operaciones: la cama. Desde allí, el nene encauzaba las tribulaciones propias hacia los derroteros enjundiocósmicos habituales. Acto seguido, y sin soltar el abanico, el bien apodado Boquitalimón trepó por el gotelé hasta la cumbre septentrional de sus nueve metros cuadrados de hacienda y se parapetó tras un dibujo más bien cutre de Thom Yorke (el presioso). Cogió aire y gritó con todas sus fuerzas: «¡HOY NO QUIERO MÁS FRESAS!»
Gutiérrez, aburrido de soñar siempre con las mismas payasadas, se dejó caer un día más hacia los abismos de la rutina.
3 replies on “Intervalo de diez minutos”
¡bu!, el contumaz de Gutiérrez aspirando al sionismo de la noche.¡bu!, gracias por el desayuno.
tio, te habrias llevao muy bien con Tristan Tzara…Y cambiando de tema, me alegro de saber de lo q pasa por tu vida, por tu mente y por tu subconsciente (sobre todo este ultimo) aunque sea a traves de ton blog 😉
Por si no lo sabes ya tengo el nuevo blog listo.Morcilla en caldera