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Ayer en Louisiana

¿Se puede abrir una ciudad? ¿Qué ocurre cuando a uno le entregan las llaves de una? ¿Qué abrirá esa llave? Quizá haya que entablar cierta empatía con la ciudad antes, claro, y a partir de ahí desentrañar el enigma que guarda (si es una ciudad viva, interesante). Parece que hay ciudades que están hechas para desagradar, como si antes de entrar en ellas hubiera un enorme cartel flotante que dijera «Aviso: Polígono habitado». Y no es que los polígonos sean desagradables. Eso lo dejó claro Euclides, y a él me remito, como a la morcilla, que le hincas el diente a la del cordoncillo colorao y acabas remitiéndola tres días.
En fin.
Esto es el fin.
Y Quito en Ecuador.
¡Hay que ver!
Se nota que va cumpliendo años el hombre y, claro, pasa lo que pasa.
Pasa la vida y Dios en la del toldo, que se está soltando el pobre (que lo es, que lo es).

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